La peste.
La la peste negra fue una de las infecciones más prudentes en en los siglos pasados se creía antes esto que erauna condena o más bien un castigo hacia el ser humano por qué los católicos o más bien la los cristiano, criam que esta enfermedad no sé detendría por nada, ya está causó demasiadas muertes pero tambié, los que contenían esta enfermedad le salían unos bultos en todo su cuerpo en su pecho en su axila en su cara por todas partes, abccb familiarizada con la viruela, pero era más bien como puntitos negros,y mi propina sobre esta es que lo que estamos pasando actualmente es que se similar a las otras epidemias Pero eso,que nosotros ya tenemos o más bien ya hay enfermerías ya hay químicos en casi todo y aún así No encontramos la cura, y por ello que se suspendieron muchas cosas la escuela los trabajos uno que otros deportes y todo el mundo quedó en aislamientos más también conocido como el toque de queda.
Tres cintas sobre el confinamiento y locura
Nadie en su sano juicio se atrevería a comparar sus días de encierro por cuarentena con la experiencia de un preso. Aun así, las palabras de Dennis explican la mezcla de irritación y nostalgia que, en las últimas semanas, genera ver historias situadas en la era previa a la pandemia, donde los personaje ays se tocan, comparten cubiertos y no guardan una sana distancia. Hablo por mí, pero varios me han dicho algo parecido: esta vez el cine no estaba sirviéndoles de válvula de escape. Vaya ironía la de tener tiempo casi ilimitado para ver películas, y descubrir que esas películas llevan a preguntarse si el mundo en el que ocurren –sus costumbres, su desenfado, sus actividades– ha quedado atrás.o
Visiones hacia la cuarentena: Río de Janeiro.
No sé cómo interpretarán estos consejos en otros lados. A mí me parece obsceno, por no decir sádico, sugerirle a gente encerrada en sus viviendas, sin chance de ver a sus seres queridos y temerosa por el curso actual de los acontecimientos que renuncie a sus escasos canales de comunicación para dedicarse a leer, qué se yo, los Comprimidos psicológicos de los revolucionarios criollos de Biófilo Panclasta. A mí me resulta risible, involuntariamente cómico, combatir la nociva metáfora militar de “estamos en guerra contra el virus” con otra todavía peor, en la que tratamos a la pandemia como a un familiar llegado de tierras lejanas al cual le ofrecemos una hospitalidad que nadie sabría en qué consiste. Pero me quedo perplejo, sin palabras, sin adjetivos, ante quienes invitan no solo a infectarse deliberadamente con el virus, sino a seguir prácticas médicas y alimenticias sin ninguna eficacia terapéutica contra el covid-19. “Cultivar el contagio, exponerse al contagio y cambiar de dieta para sobrevivir”. Tal es la fórmula de María Galindo. ¿Cómo se abre el diálogo con gente cuya ideología los obliga a preferir la muerte antes que someterse a lo que ellos identifican como una coerción estatal inaceptable?
La batalla por el control de la realidad.
Desde el punto de vista de la comunicación de crisis, nunca es prudente que la autoridad declare una situación controlada de manera prematura. El riesgo de que las cosas empeoren en lugar de mejorar siempre existe, y en este caso más, porque estamos ante un virus nuevo y ante una sociedad que no necesariamente se comporta como el gobierno le pide hacerlo. Además, no puede decirse durante semanas que el 21 de abril empieza lo peor, y a los tres días comenzar a celebrar un triunfo que no es evidente para nadie. Así, se expone a la sociedad a mensajes encontrados: por un lado, la evidencia periodística de hospitales saturados, doctores sin equipos y cuerpos acumulándose, por el otro, información oficial triunfalista. Ante los mensajes contradictorios, mucha gente podría terminar por no creer en nada y relajar las medidas de prevención, con efectos negativos para la salud de todos.
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